Por Leonardo Campins
Durante mi etapa en la alta gerencia del béisbol profesional, una de las mayores lecciones fue entender que en un equipo todos los departamentos jalan hacia su propio beneficio. El departamento de marketing quiere más presupuesto para gorras, los scouts exigen más dinero para viáticos, los jugadores exigen bonos.
En el mundo de los negocios tradicionales ocurre exactamente lo mismo. Una empresa es una piñata a la que todos le quieren dar palo para sacarle dinero.
Los empleados exigen aumentos o comisiones, los proveedores suben los insumos, los socios buscan retirar dividendos antes de tiempo, el fisco reclama impuestos y la propia familia del dueño (quien a veces ve el negocio como una caja chica personal) extrae fondos sin declarar.
Si no hay nadie que resguarde el flujo de caja, la piñata se rompe de un golpe desordenado y todos se quedan con las manos vacías.
Mi función como Mentor y Socio Estratégico es sujetar la cabuya de la piñata. Yo soy quien sube o baja la cuerda con la data de balances en mano. Hago que las empresas en Miami controlen sus mermas, audito las compras y pongo reglas de gobernanza claras. Mi objetivo es que la piñata alcance para todos de forma sostenible y ordenada, protegiendo el flujo de caja y blindando el legado familiar a largo plazo.